A un año de los terremotos, aún quedan acciones pendientes para garantizar los derechos de la niñez

Ciudad de México, 12 de septiembre de 2018 – El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, UNICEF, presentó hoy su Informe sobre la situación humanitaria de la infancia y la adolescencia a un año de los terremotos en México, reconociendo los esfuerzos realizados por diversos sectores del país e insistiendo en la importancia de priorizar acciones aún pendientes para garantizar los derechos de los afectados.

En un evento de rendición de cuentas sobre su propia contribución, UNICEF reconoció importantes avances en México, tanto en la preparación y respuesta ante las emergencias en general como en lo referente a cubrir las necesidades de niños, niñas y adolescentes afectados por los sismos del 2017.

La organización, no obstante, reiteró la importancia de colocar los derechos de la infancia al centro de toda respuesta humanitaria y de cumplir, al cien por ciento, con los derechos de los afectados por los terremotos, insistiendo en que ni un sólo niño, niña o adolescente debe permanecer, por ejemplo, fuera de la escuela o en condiciones que afecten negativamente su derecho a una educación de calidad.

En respuesta a los sismos del 2017, UNICEF hizo un llamado inicial de donativos por 6.6 millones de dólares para poder cubrir las necesidades especiales de la infancia y adolescencia en los sectores de Agua, Saneamiento e Higiene; Educación; Salud y Nutrición; Protección de la Niñez y Políticas Sociales.

“El trabajo de UNICEF en México es posible en una gran medida gracias a las contribuciones de individuos y empresas, y lo mismo sucedió durante esta emergencia, pero un dato interesante es que, de los más de 8 millones de dólares recaudados, el 80% provino del extranjero, demostrando la solidaridad del mundo hacia los niños y niñas de México”, señaló Christian Skoog, Representante de UNICEF en México.

Los fondos recaudados le permitieron a UNICEF, por ejemplo:

  • distribuir paquetes de higiene a 3,579 familias;
  • distribuir información sobre la importancia de continuar la lactancia materna y cómo hacerlo a 2,400 mujeres, y capacitar a 1,359 profesionales de la salud sobre el mismo tema;
  • asegurar que 9,370 niños, niñas y adolescentes tuvieran acceso a agua segura para beber y acceso a instalaciones amigables de saneamiento e higiene;
  • proveer espacios temporales de aprendizaje para 20,560 niños, niñas y adolescentes;
  • distribuir escuelas en una caja para beneficio de 32,400 niños, niñas y adolescentes;
  • capacitar a 5,962 docentes en materia de apoyo psicosocial y currículo de emergencia, y
  • abrir 37 espacios amigables para la infancia, en los que participaron 8,290 niños, niñas y adolescentes y se atendió a 1,050 padres, madres y cuidadores.

UNICEF dividió el ejercicio de los recursos en dos fases: respuesta inmediata 31% y plan de recuperación 69%.  En relación a ambas fases, aproximadamente, el 52% de los recursos fueron destinados a que los niños retomaran lo antes posible su educación, el 22% se enfocó en aspectos de protección debido a la extrema vulnerabilidad de los niños antes situaciones de este tipo, el 22% fue destinado a agua, saneamiento e higiene, el 3% a salud y nutrición y el 1% a política social.

Como organización que trabaja para garantizar los derechos de la infancia, UNICEF expresó satisfacción por los resultados alcanzados en colaboración con contrapartes del gobierno, aliados de la sociedad civil y socios del sector privado entre otros, pero resaltó también los retos que aún persisten.

“México es un país expuesto a múltiples fenómenos naturales que está trabajando para aumentar su resiliencia ante las emergencias, ha incrementado su cultura de protección civil y ha avanzado mucho desde 1985, como fue evidente en 2017: menor número de muertos y lesionados y menor daño a ciertos tipos de infraestructura”, señaló Christian Skoog.

“Ahora tenemos la oportunidad de dar dos importantes pasos: debemos asegurar la continuidad de la educación durante y después de una emergencia por medio de escuelas más seguras y un currículo más flexible, y debemos también desarrollar protocolos y mecanismos de respuesta enfocados en la niñez y la adolescencia en particular, para que su afectación sea mínima y su recuperación mucho más rápida en futuras emergencias”, puntualizó Skoog, señalando que UNICEF está dispuesta a compartir su experiencia en emergencias a nivel mundial, para apoyar, por ejemplo, el fortalecimiento de sistemas de información que aseguren una respuesta aún más sólida y rápida en futuras emergencias en México.

Un estudio cualitativo exploratorio realizado por UNICEF en Jojutla (Morelos) y Juchitán (Oaxaca), muestra el impacto de los terremotos del 2017 en la salud, nutrición, educación y protección de niños, niñas y adolescentes.

En términos generales, es necesario fortalecer, por ejemplo, los esquemas de recopilación de donativos de alimentos para que los niños, niñas y adolescentes no vean afectada su salud en casos de desastres y fomentar la práctica de la lactancia materna.  En cuanto a protección social, México necesita desarrollar programas y/o beneficios de emergencia que cubran las necesidades básicas de grupos vulnerables, especialmente familias con niños, niñas y adolescentes (alimentación, salud, vivienda temporal, ropa, etc.,) evitando así afectaciones irreparables a largo plazo.

En lo referente a afectaciones persistentes resultado de los sismos del 2017, según información de distintas dependencias en Chiapas y Oaxaca hay aún unas 3,444 escuelas parcial o completamente dañadas y, aunque el abastecimiento de agua a hogares y otros entornos se ha ido reestableciendo paulatinamente, la cantidad de agua que les llega a disminuido.

Además, según lo observado por UNICEF, la vida de la comunidad en general ha cambiado sustancialmente a causa de los terremotos.  Las necesidades de atención psicosocial siguen vigentes en los niños y los servicios disponibles para atenderlos son limitados. Recuperar espacios adecuados y seguros para que niñas, niños y adolescentes puedan aprender, socializar, esparcirse, jugar y participar en actividades comunitarias es una necesidad urgente, y la reconstrucción del sector educativo en particular debe continuar siendo una prioridad para el país.

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